Principios

 PRINCIPIOS

– Conozco a Antonio desde que éramos así.-dijo alargando la mano- Siempre sentí una gran admiración por él. No me extrañó que, cuando nos hicieron en clase aquél “test de inteligencia”, a él le saliera un cociente intelectual de superdotado. Nunca estudiaba y, aunque no sacaba sobresalientes, tampoco suspendió nunca.

Pero no sólo era inteligente, tenía una personalidad arrolladora. Eso que ahora llaman carisma. Se llevaba a las chicas de calle. Aunque ninguna le duró mucho.

Empezó medicina pero lo dejó en tercero. Tampoco terminó económicas ni derecho. Decía que le aburría, que él sabía más que los profesores. Y quizá era cierto.

Estudió ingles y alemán al mismo tiempo, no sé cómo se aclaraba. Lo dejó también en el último curso, antes de obtener el título.

Practicaba judo, le gustaba lo exótico. Y era muy bueno, llegó a ser campeón provincial. El día del examen para cinturón negro… simplemente no acudió.

Su cuarto parecía una biblioteca antigua. Estaba lleno de libros, maquetas a medio hacer y siempre había un tablero de ajedrez con una partida empezada.

– Muy bien, señor inspector –atajó el juez con impaciencia- ¿qué me quiere decir con todo eso?

– Pues que, aunque todas las pruebas le incriminen; aunque hayamos encontrado en su poder un cuaderno con el plan para el crimen perfecto, él no es el asesino. Antonio Pérez, por principio, ¡nunca acaba nada de lo que empieza!

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