Cebolledo

Cebolledo

“El circo de Cebolledo es la parte más alta de la estación invernal de San Isidro. Es la zona que acumula mayor cantidad de nieve a lo largo de la temporada.”

Manuel Fernández es un niño normal y corriente. Tan corriente como su propio nombre. En su clase está el grupo de los “brutotes” que juegan al fútbol, corren y sacan malas notas. Y el grupo de los “empollones” que sacan buenas notas y hacen la pelota a los profesores. Manuel no está ni en uno ni en otro.
Manuel tiene dos amigos que, como él, no pertenecen a ningún grupo. Son los intermedios, los que no destacan en nada. Incluso entre los intermedios Manuel es mediocre: ni es gordo como Antonio ni alto como Javier.
Manuel aprueba por los pelos todas las asignaturas. Menos Ciencias Naturales, que saca un seis con cinco. Le gustan los animales y de mayor quiere ser como Félix Rodriguez de la Fuente.
En el patio del colegio se siente como el ñu en la sabana. Acechado por los “brutotes” que, cuando se aburren, persiguen a Manuel y a sus amigos para pegarles y reirse de ellos. Como el ñu, que ni es tan elegante como la gacela ni tan original como la cebra. El ñu, además de ser una víctima de los leones, es el bicho más feo de la sabana.

Últimamente España se ha modernizado mucho, y el colegio de Manuel también. Este año hacen torneos de más deportes, además del fútbol y el baloncesto. Este año hay competición de esquí. Debe ser porque hace tres años Paquito Fernández Ochoa ganó el oro olímpico en Sapporo, en slalom.

Manuel empezó a esquiar hace un par de años, que subió a San Isidro con el hijo de unos amigos de sus padres. Cuando dijo que le había gustado, sus padres no dudaron en comprarle los esquís y las botas. Cosa que extrañó a Manuel, en su casa no sobraba el dinero. Desde entonces había subido muchas veces en el autobús. Salía a las ocho de la mañana y cargaba con los esquís y las botas hasta la parada. No se sentaba ni delante con los que hablaban con el conductor, ni atrás con los que cantaban y armaban alboroto. No hablaba con nadie, no conocía a nadie.
Después de esquiar todo el día, en el trayecto de vuelta, en el autobús se comía el bocadillo que le había preparado su madre. Y media tableta de chocolate.
Al año siguiente hizo un cursillo de esquí y aprendió la Vuelta María y el Stem Cristianía.

Hoy está en las pistas de Cebolledo para competir en el campeonato del colegio. Es la primera vez que el colegio organiza una prueba de esquí. De su curso sólo se han presentado él y dos más.
-¡Qué suerte! tengo asegurada la medalla. Pensaba Manuel en silencio.
Los otros dos son Pachi Rodríguez, el favorito, alto y guapo. Se lleva a las chicas de calle. Le conocen todos los monitores de la estación y bromean con él.
-¿Qué? Pachi. Ganarás el trofeo ¿no? Te lo han puesto fácil.
Pachi es el que mejor esquía y todos lo saben.
El otro es Pepón Pérez. Pepón es más alto y más fuerte que Pachi, pero hace poco que aprendió a esquiar y es un poco patoso. Además, le han comprado unos esquís muy largos y le cuesta trabajo hacer los virajes.

El trofeo se disputa a dos mangas y en la primera Manuel ha bajado con cuidado, no quería caerse a las primeras de cambio y ser el hazmerreir. Aún así ha sido el segundo de su categoría, Pachi le ha ganado sólo por unos pocos segundos. Ahora queda la segunda manga.
-Pachi, a ver si te caes en la segunda manga y la “mangas”. Ja, ja, ja.
Los monitores le toman el pelo a Pachi y éste no está a gusto.
-Tengo ventaja suficiente para bajar tranquilo.
Pachi va a ir a asegurar, no quiere arriesgarse. Es la oportunidad de Manuel. En su cabeza pasan una y otra vez las imágenes de Paquito Fernández Ochoa ganando el oro. Entrando en meta con los pies por delante, casi tumbado. Hoy Manuel va a intentar hacer lo mismo, echarse hacia atrás al entrar en meta. Lo ha decidido. Mira que… si le gana a Pachi.

Respira hondo, es su turno, se dispone a salir. Tres, dos, uno… allá vamos. Manuel se desliza feliz hacia la fama.

Al día siguiente su nombre aparecerá en el periódico local. Será el más famoso del colegio. Todos sus compañeros y los profesores hablarán de él. Esta vez no pasará desapercibido. Le respetarán.

Diario de León:
“…ayer domingo mientras se disputaba una prueba de esquí en Cebolledo, el joven M. F. se salió de la pista golpeándose la cabeza contra una roca…/…el funeral tendrá lugar mañana en la iglesia parroquial de San Claudio sita en la avenida…”

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