El Egoísta

El Egoísta

Me llamo Narciso y soy egoísta.
Cuando nací, a mis padres les dijeron: “Enhorabuena, han tenido un egoísta. No deben echarlo a perder. Cuando llore cójanle en brazos. Y nunca le digan que no a nada”
Y mis padres se aplicaron.
Además de egoísta, soy de Bilbao. A pesar de haber nacido en Burgos, pero es que los de Bilbao nacemos donde nos da la gana. Tampoco importa que toda mi familia sea de Burgos y que yo no haya pisado Bilbao en mi vida.
Mi infancia discurrió plácidamente y colmada de caprichos. No crecí mucho debido a que me alimentaba básicamente de chucherías.
Cuando llegó el momento me fui a estudiar a Madrid. No sé cómo lo podía hacer mi padre con el humilde sueldo de empleado de banca. Me matriculé en arquitectura, pero era un rollo. Además en Madrid es imposible estudiar, con tanta fiesta en las facultades y en los colegios mayores. Al siguiente año me matriculé en económicas, que es más fácil. Pero tampoco acabé de cogerle el gusto. Dos años más tarde me pasé a sicología porque había muchas chicas.
Pero lo que sí que aprendí fue teología. Llegué a saber casi todas las patronas de las ciudades de España. En Ciudad Real a las niñas las ponen de nombre Prado por la Virgen del Prado. Lo conocí saliendo con Prado. Luego salí con Montaña, de Cáceres. Con Camino, de León. Con Sonsoles, de Ávila. Con Pilar, de Zaragoza. Con Pino, de Canarias y con un par de Palomas de Madrid.
Cuando a mi padre se le acabó el dinero o la paciencia, me buscó un trabajo en el banco. Y me volví a provincias. En un descuido del departamento de recursos humanos, firmé un contrato indefinido. Y aquí estoy en una sucursal muy céntrica.
El horario es de ocho a tres, pero yo no llego antes de las nueve menos cuarto. A lo largo de la mañana van pasando mis amigos y salgo a tomar un “cafetín” con cada uno de ellos. Cuando hay clientes uso la táctica “Marisa, chata”.
-Marisa, chata, explícale a esta señora lo de la hipoteca.
-Marisa, chata, ábrele una cuenta a este señor.
Y Marisa tan contenta. Creo que quiere ascender, pobrecita.
El sueldo no es muy alto, pero no pago alquiler. Mi madre me hace la comida y la cama. Y me lava la ropa.
Cuando murió mi padre, con lo que me correspondía de herencia me compré un coche.
Mi madre ya está mayor y a veces se pone enferma y yo tengo que llamar a mi hermana para que la atienda. A veces me voy unos días de viaje para no molestarlas.
El dinero me lo gasto en ropa y en copas. Si quiero leer un libro se lo pido a mi amigo el intelectual. La música me la provee mi amigo el “friki”.
Salgo de copas los viernes que es cuando más estudiantes hay. Soy el rey león de las discotecas. Esos solterones de los pueblos no son competencia para mí. Mal vestidos, malhablados, no tienen glamur. Yo, sin embargo, con mi mundo y mis camisas, apabullo a las estudiantes de magisterio y a las de enfermería. Si la cosa se da bien, acabo en un piso de estudiantes, durmiendo con alguna. Munca llevo chicas a casa, para no dar un disgusto a mi madre.
A pesar de mi educación no soy excesivamente caprichoso. No tengo ordenador ni internet ¿para qué? El móvil que uso es el que me regala la operadora. Debe hacer muchas cosas, pero yo no sé cómo funciona. Si necesito hacer una foto, le pido ayuda a alguien. Siempre hay gente dispuesta a ayudar, sólo por la remuneración de alabar su gran sabiduría.
Cuando salgo de cañas con los amigos me las arreglo para no pagar o pagar poco. Siempre invito en los sitios más baratos y lo hago ostensiblemente, que se note que he pagado yo. En los caros me escabullo a la hora de apoquinar, me voy al servicio o hago como que me suena el móvil. Llevo en la cabeza los precios de las consumiciones de cada bar, como cuando juego al tute, que llevo la cuenta de las cartas que han salido. Cuando llevamos tres rondas y yo no he pagado ninguna, me acuerdo de una cita muy importante y me tengo que ir a toda prisa. Al día siguiente, para compensar, pago la primera ronda en el barato y lo canto a los cuatro vientos.
Y soy feliz.
Mis amigos casados me preguntan si voy a seguir soltero toda la vida. Si no voy a sentar cabeza. Formar una familia, tener hijos.
¿Hijos? ¡Nooo! Con lo egoístas que son los niños.

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