Cuadrúmanos

Cuadrúmanos

Me llamo Santiago Petripoulos (mis amigos me llaman Santi Petri) y sí: soy un Cuadrúmano. En aquella época estaba de moda, aquí en la Rueda Clarke. Vaya, te tengo que situar.

La Rueda Clarke es una estación espacial ubicada entre la tierra y la luna (concretamente en un punto Lagrange, para que se mantenga estable). Se llama así en honor al autor de “2000 Odiseas en el Espacio”, o algo así. Al parecer, en esa obra propone una estación igualita a que posteriormente se construyó. O tal vez se construyó siguiendo su idea.

La Rueda gira a una velocidad constante para generar una fuerza gravitatoria en el anillo exterior. Bueno, ya sabemos que es la fuerza centrífuga la que actúa como si fuera la gravedad. Esto permite tener una gravedad cercana a la de la tierra en el anillo exterior (creo que dos tercios o tres cuartos) y la mitad en el anillo interior. En el eje la gravedad es practicamente cero.

Según tengo entendido, esto se hizo pensando en la adaptación gradual de la gente en tránsito de la tierra a la luna y viceversa. Eso era cuando se pensaba en una colonización masiva de la luna. Cosa que nunca ocurrió del todo.

Así que en el anillo exterior se puede caminar perfectamente, pero en el resto es más complicado. Por eso, los pasillos, conductos y pasarelas están llenos de agarraderos. El personal de mantenimiento (que somos la mayoría) nos pasamos el día deambulando de un sector a otro, de dentro a fuera y de abajo a arriba.

Entre eso y la proliferación de las naves hacia Marte y los Asteroides, se impuso el trabajo en baja gravedad. Y la necesidad de sujetarse bien.

La primera moda que surgió en la rueda fue la de las operaciones para alterar los pies y permitir un pulgar oponible como en las manos. Los operados trabajaban y se desplazaban mejor. La cosa hizo furor.

Lo siguiente fue la manipulación genética.

Sí, yo soy un cuadrúmano de segunda generación. Un genético. Mis padres se prestaron al experimento con la ilusión por el progreso de la humanidad y por la suculenta cantidad percibida.
Los genéticos no sólo tenemos un pulgar oponible en los pies, como los operados. Además tenemos las piernas más cortas y mayor ángulo de movilidad. Vamos, como los antiguos chimpancés.
Pero todas las modas tienen su momento.
La segunda Rueda Clarke está a medio construir y los trabajos llevan dos años parados. La crisis. Subir material desde la Tierra parece ser que es demasiado costoso. Y la opción B, la de traer metal de los asteroides, pasa por momentos delicados. La tecnología de los cohetes clásicos está en entredicho, por el tema económico, claro.
El consorcio europeo está a punto de poner en marcha una nueva generación de naves que aprovechan el viento solar para “subir” hasta el cinturon de asteroides, a las minas de hierro. Para lo cual despliegan unas gigantescas velas.
Para “bajar” a la órbita terrestre con la carga hacen uso de la atracción gravitatoria del sol. Es un poco delicado, porque si se te va un poco la mano puedes acabar aterrizando (fundiéndote) en nuestro astro rey.
Es una idea muy bonita, y muy buena: ahorrará muchísimos créditos. Pero hasta que sea una realidad…
Por otra parte está el presidente americano Eddy Murphy, que ha prometido relanzar el proyecto de terraformación de Marte. Ya casi nadie se acuerda pero hace un par de décadas mandaron una serie de naves no tripuladas cargadas de bacterias y plantas. Parece ser que toda esa basura orgánica iba a hacer crecer la “ténue atmósfera marciana”. ¡Anda que no hubo cachondeo con la frasecita!, “la ténue atmósfera marciana”; era la salsa de todos los chistes. Que si tienes una “ténue inteligencia marciana”, que si a ver si la riegas con bacterias para que te crezca.
El caso es que la gente ya se está preparando para irse a Marte, montar su huertecito y plantar lechugas. Ténues lechugas marcianas.
Y la pinta es que eso repercuta en la “reflotación” de las bases lunares Luna-2 y Luna-3 que últimamente sólo valían para ir de viaje de novios. (Cena romántica a la luz de la Tierra).
Eso es lo que me cuenta mi colega, Juan, que se lee todos los días las noticias y los cotilleos. Dicen que lo nuestro no tiene futuro, que los cuadrúmanos vamos a ser sustituídos por robots. Tanto en la Rueda Clarke como en los cargueros mineros de los asteroides. Y que nuestra configuración no tiene sentido en sitios con gravedad como Marte. Además en Marte no hay árboles, todavía.
¿Qué va a ser de nuestro gremio? Los “monos del espacio”, como nos llama la gente. ¿Acabaremos siendo “monos de feria”?
Por lo pronto, nos hemos reunido los afectados para evaluar la situación. No descartamos la huelga. Y si nosotros nos ponemos en huelga, la Rueda se para. Y el transporte minero de los asteroides. Y si se para la Rueda, que es “El área de servicio de la autopista Tierra-Luna” (como dice la publicidad), se para el tráfico. Y si se para el tráfico Tierra-Luna… ¿cómo váis a llegar a Marte?
Mi colega Juan dice que tenemos el futuro de la humanidad en nuestras manos… ¡y nosotros tenemos cuatro manos!
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