Un tipo normal


Si me ven por la calle se sorprenderán: soy un tipo normal. Ni alto ni bajo. Ni gordo ni flaco. Ni feo ni guapo. Pero tengo un don. Domino a las personas.
No me di cuenta de mi poder hasta bien pasada la veintena. De niño pensaba que lo que tenía era suerte. Cuando se me torcían las cosas siempre venía alguien a arreglarlas: mis padres, mis profesores, los compañeros de clase. Siempre me defendían y me ayudaban. Ni en el colegio ni en la universidad tuve problemas. Aprobaba sin casi estudiar. Es cierto que no saqué notas altas, pero la relación esfuerzo-resultado fue óptima. Parecía que la gente me iba abriendo el paso. Realmente obedecían mis deseos, sin ellos quererlo ni yo saberlo.
He leído algo sobre “empatía” y “domesticación humana”. Hay teorías sobre ello. Y técnicas especificas. Se puede domesticar a las personas, yo lo hago de forma innata.
Los animales, cuanto más inteligentes, más fáciles son de domesticar. Por eso le puedes enseñar trucos a un perro y no a un gato. El gato no es lo suficientemente inteligente para aprender. Tiene un cerebro limitado. En cambio los delfines aprenden en seguida.
Se amaestra a los delfines, a los elefantes y, por la misma regla de tres, a los humanos. Yo, sin saberlo, había amaestrado a toda la gente a mi alrededor. Podría haber sido un líder carismático, pero no me apetecía. Soy un tipo solitario, odio las muchedumbres y ser el centro de la reunión.
Cuando descubrí mi poder empecé a usarlo controladamente. Hacía que unos me tuvieran miedo, que otros simpatía. Conseguía que la guapa del grupo se interesara por mí. No tenía miedo de nadie, a todos podía controlar. Era como un juego.
Pero toda moneda tiene dos caras. Lo que me facilita las cosas también me separa de la gente. Son marionetas en mis manos. Y yo me siento solo, en un mundo de guiñol. Por eso vago por los foros de internet, buscando a alguien. No sé a quien, un alma gemela, un adversario, alguien a quien no pueda manipular. Pero sólo encuentro mediocres a millares, alguna persona interesante a la que saco todo lo que sabe y después me aburre, y poco más.

La vida es fácil, la vida es bella. Tengo los amigos que quiero, ni muchos ni pocos. Siempre leales. Pero no es suficiente. Si tú me comprendes, si te pasa lo mismo que a mí llámame, mi telefono es el…

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