Educación


¿Cómo pueden ustedes pedirme educación? Si es precisamente lo único que no tengo. Y no la tengo porque nadie me la dio. Mis padres me dieron de todo menos educación. Me dieron dinero, los mejores juguetes, la ropa a la moda. Me enseñaron a hacer mi voluntad y a exigir mis derechos. A ser el primero, aunque sea por la fuerza. A pegar para defenderme. A gritar para pedir las cosas. A no acatar otra ley que la de mis caprichos.
Me mandaron a los mejores colegios, en los que aprendí a ser un tirano. Mis profesores esperaban que la educación me la dieran mis padres. Pero éstos pagaban para desentenderse. En cualquier conflicto, siempre me defendieron, y culparon al maestro. Yo me reía y me burlaba del profesor. Y mis padres me daban la razón.
Nunca respeté a mi madre, a la que llamaba de tonta para arriba. Ella decía: “nos ha salido respondón, pero es tan bueno…”. Mi padre ni se dignaba hablar conmigo: los negocios.
-María, mira a ver el niño. A ver qué quiere.
Y seguía leyendo el periódico. Down jones, Nikkei, Ibex.
A los 18 ya cogía el coche de mi madre. A los 19 me saqué el carné. A la segunda, porque no habían visto bien el apellido. Luego papá me compró el BMW.
El titulo me lo dieron en una universidad privada. Todos los catedráticos amigos de papá. En esa universidad no había exámenes. Eso creo, porque los dos primeros años no asistí a clase.
Pero la universidad no vale para nada. Los negocios los hice con los compañeros del internado de Suiza. A donde nos llevan a los hijos descarriados de buena familia. Allí conocí a ricos herederos de tronos y fortunas, y con la misma carencia de educación que yo. Nos lo pasamos genial fumando a escondidas y escapándonos al pueblo, donde fundíamos los dólares sin tino y sin medida. Con ellos mantuve el contacto y nos veíamos en vacaciones en USA o en exóticos países.
Cuando llegó el momento de montar un negocio, nos juntamos tres o cuatro y las aportaciones de nuestros padres. Creamos empresas, generamos puestos de trabajo. Algunos proyectos duraban seis meses, otros nueve, otros no. Después de cada quiebra, unas vacaciones. Para combatir la depresión. En Mauricio. Una temporada viviendo la noche de Madrid. Duermes de día, copas de noche. Cojo uno de los coches de papá y me piro a la costa, a ver a algún colega.
Pero desde que salí con esa modelo me dedico a la fiesta. Era guapa pero tonta. Siempre hacía la misma rutina: la cremita, el masajito, el gimnasio, la dieta. Sólo hablaba de trapos, de joyas y de directores de cine. Iba a lo suyo. La mandé a paseo.
Y luego los periodistas. Los programas del corazón. Los micrófonos en el aeropuerto. Me encanta. Y encima me pagan.
Pídanme que baile, que beba, que hable y que insulte. Pero, por favor, no me pidan educación.
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