I Just Wanna Be OK

I Just Wanna Be OK
Tengo esa melodía metida en el cerebro.
“I just wanna be ok, be ok, be ok…
I just wanna be ok today…”
La puñetera cancioncilla del anuncio de mi proveedor de telefonía. Mi puñetero proveedor de telefonía y de todos mis males.
Todo empezó cuando volví de vacaciones, de mis cortas vacaciones de dos semanas. Y es que en mi puñetera empresa no nos dejan coger más. Se supone que somos “imprescindibles”. Sí, a la hora de currar, porque lo que es a la hora de cobrar…
Pues volvía de unos días de vacaciones en la playa. Que eso a los de secano nos da vidilla. Y me disponía a llamar a mi madre para decirle que ya había llegado y que no me había pasado nada en el peligroso trayecto de 400 kilómetros por autopista, cuando: ¡zas! ¡que no hay línea!
Vamos que no tengo teléfono. Fijo, claro está. Ese fijo con ADSL y un pedazo de tarifa plana a fijos nacionales que mi compañera machaca en conversaciones interminables con su hermana la de Granada. Ese fijo, mi único fijo desde que me vine a vivir en pecado con la que “de hecho” es mi costilla.
No puede ser, se habrá ido la luz, pensé así a bote pronto. Pero no. No iba a ser tan sencillo.
Llamé desde mi móvil al número de atención al cliente y ahí fue donde me topé con la cancioncilla. “I just wanna be ok”, es justo lo que yo quiero: estar bien, estar oquey.
– Buenas tardes le atiende Magali Aquino, ¿en qué puedo ayudarle? – Me imagino a una colombiana morena con el pelo negro, gordita y bajita, con vaqueros ajustados y tacones que le sientan fatal.
Magali me tuvo a la espera después de preguntarme de todo: nombre, DNI, número del fijo, desde cuándo siente ese malestar en el pecho…
– Disculpe las molestias, tengo que hacer unas consultas, no se retire.
Me amenizan la espera con esa canción. Pero no es la canción entera, es sólo una estrofa de 5 segundos repetida ad eternum. Como un mantra.
– Disculpe las molestias, al parecer el departamento de cobros le ha cortado el servicio debido a la deuda que tiene usted.
– ¿Cómo? Si yo tengo domiciliados los recibos y me cobran todos los meses religiosamente desde hace años.
– Lo siento pero esa deuda es de otro número. La línea que tiene usted en Teruel.
– ¿Qué? Si yo no he estado nunca en Teruel. – Podría decirle incluso que no sabría ni situarlo en el mapa.
Me costó más de un cuarto de hora explicarle que yo no había contratado esa supuesta línea y que, por consiguiente, no pensaba pagar ni un duro de la misma. Temiendo por la duración de la batería de mi móvil me despedí de Magali esperando tener más suerte al día siguiente, desde el trabajo.
Volver al trabajo después de las vacaciones ya es duro, esa especie de aterrizaje de emergencia, barrigazo contra el suelo, así que con la tarea añadida de solucionar lo del teléfono, más. Además de aguantar las risas y chirigotas de los compañeros cuando se enteraron.
– ¡Pringao! Que te cortan el teléfono por falta de pago. ¡Paga, moroso!
A partir de ahí hice incontables llamadas al servicio de atención al cliente. Cada vez me atendía una señorita nueva. Yo creo, por la variedad de acentos, que me recorrí todo el cono sur y parte del cono centro. Unas veces me decían que estaban gestionando con el departamento correspondiente, que no me preocupara, que en unos días me llamarían al móvil.
– ¿Me puede dar su número de móvil para que le llamen?
– Mire, si ya se lo he dado a catorce de sus compañeras.
– Sí, pero es que a mí no me figura.
Y otra y otra vez. Cada llamada era un 90% de “be ok” y un 10 de señorita.
Otras veces me decían que pagase la deuda y que así se resolvería el problema. La deuda empezó siendo de 14 euros, la cuota de un mes. Pero fue aumentando. Un equipo ADSL, un ordenador portátil, dos terminales móviles de última generación y llamadas. Llamadas locales, nacionales e internacionales. Sobre todo internacionales. Me llegaron las facturas a casa, con desglose de llamadas. A Alemania, a Francia, a Rumanía… Y los móviles, no paraban de moverse, claro está. Si un día llamaban desde España, el otro desde Bélgica o desde Chequia. Claro que el “roaming” incrementaba la deuda, que ya pasaba de los dos mil euros.
Yo mientras trataba de luchar con Viviana Aguilar o con Yobana Balbóa para hacerlas entender que no me había movido de Tres Cantos. Imposible. Y el otro, el de Teruel, pegándose la vida padre a mi costa. Afortunadamente no me habían sustraido ni un céntimo de mi cuenta.
Tan harto estaba que pensé en irme a Teruel a localizar al tipo o cortar por lo sano y cambiar de operador. Opté por lo segundo, fui a una tienda de la competencia y solicité una “portabilidad” que además prometía regalarme un móvil nuevo con todos los extras.
Pero tampoco, pasados unos días el nuevo proveedor me rechazó aduciendo que mi nombre estaba en ASNEF. Jamás había oído hablar de semejante lugar. Pero los listos de la oficina me lo aclararon.
– Tío, eso es la lista nacional de morosos. Si estás en esa lista no puedes pedir una hipoteca ni ná de ná.
¡Vaya! Hubiera sido mejor irme a Teruel. Menos mal que la hipoteca ya la tengo pedida y la llevo pagando una buena temporada.
– Vete a la OCU del ayuntamiento, me dijo un colega, allí te gestionan el tema, es lo de Consumidores y Usuarios.
Tuve que pedir un día para ir a la Oficina del Consumidor. Un tío gordo y sudoroso, con aspecto de cerdo con traje, me hizo esperar media hora antes de recibirme de mala gana. Me miró con desprecio y me pidió documentos, papeles, pruebas en definitiva. Vamos, que no se creía lo que me estaba pasando. No lo culpo, yo tampoco me lo podía creer. Me pareció todo un timo y me fui, no sin antes agradecerle hipócritamente su atención.
Al volver a casa, bastante deprimido por la falta de avances en las negociaciones, encontré en el buzón una carta del juzgado, Ministerio de Justicia. La abrí tembloroso, era una citación. Como imputado en un robo de electrodomésticos en un almacén en Zaragoza.
Al parecer, localizaron una llamada desde un móvil, uno de los del colega de Teruel, que casualmente estan a mi nombre. Había también implicado un mercedes negro, con cristales tintados, que contenía documentación a mi nombre.
¿Han leido ustedes la novela del extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde? Yo tampoco, pero me la han contado. En aquel momento me vino fugazmente a la cabeza esa historia de terror. A ver si yo soy uno de esos que tiene doble personalidad… Y por las noches tengo una vida paralela en Teruel… Y los fines de semana delinco en Zaragoza…
No lo creo, mi compañera me lo hubiera notado. Esa lo nota todo, hasta cuando miro de reojo la minifalda de la vecina.
Yo siempre he creído en la justicia. En la tele y en el cine siempre triunfa. Así que no me preocupé y acudí al juzgado en la fecha y hora estipuladas. Me preguntaron y yo contesté. Conté la historia tal como me había sucedido. Sin cambiar ni una coma.
Mi abogado, un chico joven que me asignaron de oficio, lo pasó mal. Me miraba raro los tatuajes de los antebrazos y le molestaba que fumara tanto. Sobre todo cuando fumaba en los pasillos, que decía que estaba prohibido.
Yo creo que son mis pintas y mi acento de Vallecas. Que es que soy muy auténtico. Aunque en Vallecas sólo viví 5 años de los diez a los quince. Y mis camisetas de Rosendo y mi corte de pelo. Seguro que si hubiera venido con traje como todos esos pringáos, me hubieran lamido el culo y me hubieran mandado para casa. Pero es que además me puse chulo. Es que no aguanto que me tomen por tonto.
El caso es que aquí estoy, tarareando como un bobo y en prisión preventiva. Los colegas del curro lo van a flipar. Sin comerlo ni beberlo.
¡Si tan sólo pudiera quitarme esa musiquilla del cerebro!
“I just wanna be ok, be ok, be ok…
I just wanna be ok today…”
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