Asesino

Asesino
Ser asesino es más fácil de lo que parece. La gente se echa atrás por el “qué dirán” y por el miedo a represalias. Claro, si piensas que te van a coger y meterte en la cárcel te desanimas y la cosa se complica. Es como si vas a salir de viaje con el coche y sólo piensas en que vas a tener un accidente. Que te agarrotas. Que te pones nervioso y eso es lo peor.
Para matar, como para conducir, hay que estar relajado, despreocupado. Si vas pendiente todo el rato de las señales y del velocímetro, pierdes el gusto por la conducción y dejas de saborear el placer de la velocidad.
La conducción y el asesinato son un arte. Como los toros, que es un arte y también va de matar. Tiene su riesgo, porque la víctima se empeña en no dejarse hacer. Y ese empecinamiento le da alas y una fuerza sobrehumana. Por eso hay que ser muy metódico y escrupuloso, y evitar cometer errores. Es un arte, y el que lo ejecuta ha de ser artista. Lo malo es que últimamente, como en todas partes, hay mucho advenedizo y mucho amater.
El buen asesino es un profesional. Y no me refiero a los asesinos a sueldo. Ese es otro cantar. Esos son los “obreros” del ramo. El buen asesino no cobra, lo hace por amor al arte.
Anda que no se ha escrito sobre asesinatos. ¡Coño! hasta hay un género novelístico dedicado al tema. El crimen perfecto es un ideal superior. Una utopía como el “móvil perpetuo” de la edad media, para unos. Un reto para otros.
Pero el crimen no tiene que ser “totalmente” perfecto. Basta con que sea un asesinato pasable. No esas chapuzas que salen en las películas, en las que el asesino da pistas y pistas, como queriendo que le cojan. El problema, como dijo nosequién, no es que te descubran; el problema es cuándo. Si la cosa se alarga suficientemente, no les dará tiempo.
Yo ya llevo unos cuantos y estoy tan tranquilo. Al principio no, al principio le daba vueltas y vueltas. Repasaba punto por punto las escenas y los pasos. Cada vez que me acuerdo de mis primeros asesinatos me da vergüenza. Menudos bodrios. No sé cómo no me pillaron. Es que eran para partirse de risa. En uno, tuve que volver para rematar a la víctima, porque con las prisas se me olvidó un guante y al volver a recogerlo me lo encontré medio vivo. Ahora me da la risa recordándolo, pero entonces… entonces las pasé canutas. Todos los comienzos son duros. Y más en este oficio, que te juegas la vida.

“El que más pierde es la víctima”, dicen. Sí, pero también se han dado casos de asesinos que pierden la vida en el desarrollo de su trabajo. Y de eso nadie dice nada. Que no tenemos seguridad social ni nada. En todo caso un seguro privado pagado de nuestro bolsillo.
A mí me gusta matar niños, ¡son tan ricos! Y quedan como dormidos. Matar viejas no tiene mérito, y nadie te lo valora. Además, con la moda de la violencia domestica, hay mucha competencia y muy poca profesionalidad. Es un sector copado por el gran publico.
La cosa está empeorando desde la apertura de fronteras. Es indignante que vengan de
fuera a quitarte el trabajo. Máxime en una actividad especializada como la nuestra. Cualquiera que tenga un poquitín de formación militar y provenga de una dictadura, tiene las puertas abiertas. Y luego las grandes empresas y las multinacionales, que a nosotros, los autónomos
nos hacen mucha pupa.
El trabajo de asesino es un trabajo solitario. Uno no puede fiarse de nadie. Si quieres que todo salga bien tienes que hacerlo tú mismo. Es un trabajo artesanal, hecho con amor. A mí me gustaría compartirlo con mi familia. Como un negocio familiar o una tienda de barrio. Pero a mi
mujer nunca le han interesado mis hobbys. Y el niño no me toma en serio cuando le saco el tema.
– Venga, papá. ¡Para ya con tus bromitas!
Como todos los oficios románticos, el mío está en vías de extinción. Ya se sabe: la globalización. Los islamistas, los mercenarios, los terroristas y hasta los ejércitos de los países  civilizados matan a granel. Pero son muertes comerciales, con aditivos y colorantes, sin gracia y sin preparación.
Ahora que se empieza a valorar el cultivo ecológico, el jamón de bellota y el pollo de corral, yo abogo por el asesinato tradicional, el artesanal… ¡el de toda la vida!

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