Cuento de Navidad

Cuento de Navidad
Siempre que nieva me acuerdo de aquellas navidades de mi infancia. Venían mis vecinos: Toñito y Vicente; y me desordenaban la habitación. Sacaban todos mis juguetes y se pegaban por cada uno de ellos. Mientras yo recorría en mi triciclo el largo pasillo, esquivando las piernas de las madres.
Su madre y la mía reían y hablaban en la cocina preparando la comida y los dulces.
Cuando nieva, como hoy, me acuerdo de esos días felices. Piso la nieve que cruje a mi paso. Los copos caen despacio y apenas se ve unos metros más allá. Me queda un trecho hasta el pueblo.
Los primos también solían venir. Poníamos un árbol gigante lleno de adornos. Recuerdo que las bolas eran de cristal y mi madre no nos dejaba cogerlas.
Sigue nevando. Ya casi hay veinte centímetros. Tengo los pies fríos y mojados. Debo haber andado más de un kilómetro.
El día de Navidad los primos se quedaban a dormir. Habilitaban unos camastros en el salón y allí nos acostábamos todos los niños.
Ya debe quedar poco para el pueblo. No se oye un ruido. Cuando nieva el silencio es total. Los copos amortiguan el sonido. Tengo los pies empapados. Ya queda poco.
Pasábamos la nochebuena jugando y riendo. Apenas dormíamos. Éramos niños. Éramos felices.
Se está haciendo de noche. Mi mujer y los niños quedaron atrás, en la cuneta. Cada vez me cuesta más avanzar. Miro al camino recorrido, la nieve va cubriendo mis huellas y el reguero rojo que voy dejando. Es entonces cuando comprendo que nunca llegaré al próximo pueblo.
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