El informe

El informe

-A ver, Sánchez, ¿ya tiene preparado el informe?

-Bueno, señor inspector, estoy en ello. Tengo que repasarlo porque hay cosas que no me cuadran.

Lugar de los hechos: calle Zapaterías, en pleno casco antiguo.

Indicios: la noche del 12 al 13 se tiene conocimiento de la aparición de un cadáver. Hombre, unos 35 años. Sin documentar. Vestido de traje y corbata. No hay denuncia ni corresponde con la lista de desaparecidos recientes. No se echa en falta a ningún vecino, ni familiar ni allegados de los mismos.

Sánchez es un policía meticuloso, ciéntífico. Uno de los pocos que estudió una carrera: magisterio. Mientras preparaba unas oposiciones para maestro de escuela que nunca llegaron, se sacó las de policía nacional, más fáciles. Y ya lleva veinte años en el cuerpo. Siempre en oficinas, siempre en comisaría. Nunca hizo la calle porque físicamente no tenía nada que hacer frente al resto de sus compañeros. Bajito y delgado era presa de las bromas de los fornidos policías de patrulla. Pero les daba mil vueltas en lo que a papeleo se refería. Algunos de los grandotes, a duras penas sabían leer o escribir. Sánchez les ayudaba a rellenar los partes y eso le hizo ganarse el cariño de todos.

– A Sánchez ni me lo toques. ¿Verdad “canijo”? Que es el “celebro” del equipo.

– Le tenemos que llevar a una redada para que vea como atizamos a esos piojosos.

– Cuando vayamos al Club de Maruja. Y le dejamos un ratito con la mulata para que se entretenga. Ja, ja, ja, ja.

A Sánchez no le importaba, sonreía tímido ante las risotadas de los gigantones. Eran buena gente; brutotes, pero buena gente.

Las heridas del rostro indican que la muerte fue violenta. No sabemos si se partió el cuello o se asfixió. No hay sangre más allá de las inmediaciones del cadáver, el posible homicida tuvo cuidado de no dejar rastro. Tampoco se ven huellas ni indicios de la presencia de otras personas. La cara de la víctima está destrozada, lo que dificulta aún más su identificación. Tal vez fuera ensañamiento o sólo lo hicieron para obstaculizar a la justicia, para eliminar pistas. ¿Quién es ese hombre? ¿Y quién quiso matarlo? En esta pequeña ciudad del interior no se suele dar ese tipo de crímenes. Los clanes locales, riñas entre delincuentes comunes, peleas a la salida de los tugurios de alterne, o ajustes de cuentas tras las timbas de póquer. Siempre gente conocida en el ámbito policial. Pobres diablos autóctonos o inmigrantes. Todos cortados por el mismo patrón. Ninguno de ellos se viste de traje, ni para ir a “trabajar”.

El perito forense aportará más información y se disiparán algunas dudas. De momento se ha ido a Madrid a consultar ciertos datos y a analizar las muestras recogidas. No quiso decirle nada a Sánchez, ni una pista, ni una palabra.

El inspector no está interesado en el caso, sólo quiere despacharlo cuanto antes. Últimamente se le ve mucho con el alcalde. Parece que quiere hacer carrera en política. Le gusta codearse con el poder. Sánchez cree que si el inspector se pasa a la politica y deja su puesto, él podría ser su sustituto. “El inspector Sánchez”. Pero para eso tiene que hacer bien su trabajo, resolver este caso que le viene como anillo al dedo.

Por la tarde Sánchez se acerca al lugar de los hechos. A la altura del número 14, enciende un cigarrillo mientras observa de reojo el entorno. Una calle estrecha, propicia para un asesinato. Pero los vecinos no escucharon nada, no hubo gritos ni voces ni disparos ni forcejeos. En medio de la calle… es extraño que no apareciera en los soportales de enfrente, mucho más resguardados. Un poco más abajo hay un bar que cierra tarde, nadie vio nada, ninguno de los parroquianos habituales que toman la “espuela” a última hora. El hecho debió producirse después de cerrar el bar.

– Póngame un vino que no estoy de servicio.

– ¿Se sabe algo del forastero? No estará de servicio, pero por aquí no viene usted de costumbre. Seguro que ha venido a investigar.

A través de los cristales de la puerta se veía, a unos diez metros, el lugar de los hechos, justo debajo de uno de los balcones del primer piso.

– ¿Quién vive ahí, en el primero?

– Ahora no vive nadie. Esa era la casa de los Fernández, que tenían una tienda en el barrio. Cuando murió el padre, se fueron a vivir a Madrid. Cerraron la tienda y vendieron la casa, que está vacía desde entonces.

– ¿Eso fue hace mucho?

– Hará veinte años o más. Tenían un niño en edad escolar, que jugaba a la pelota en la plaza de abajo, con los chavales del barrio. Le llamaban “el guapito” porque siempre iba muy elegante y repeinado. La madre era una estirada que no se hablaba con nadie y se daba aires de grandeza. Como venía de la capital… ¿Otro chato? De tapa tengo un chorizo del pueblo, que lo hacemos en casa, que está buenísimo.

Sanchez no tomó más vinos ni con tapa ni sin tapa. Se fue a su casa a digerir los datos. ¿Sería una pista, la del “guapito”? Esa noche soñó con tramas internacionales, con sede en Madrid. El “guapito” Fernández huyendo de las mafias rusas. Y el inspector Sánchez, propuesto para comisario, en la primera del Diario.

Pero el informe nunca llegó a ver la luz. Vinieron ódenes de Madrid. El caso lo tomó un inspector moreno con acento andaluz y se perdió entre la burocracia de la capital. El jefe de Sánchez, por su parte, dejó la comisaría para hacerse cargo de la policía municipal. En su lugar, se incorporó un hijo del alcalde que había terminado Derecho en Madrid y llevaba unos meses haciendo carrera en la comisaría de Tetuán. Sánchez no ascendió ese año. Ni en los veinte siguientes, en los que vio pasar todo tipo de personajes por el puesto de inspector. Unos buenos y otros malos. Pero el día de su jubilación, en la cena de despedida se reunió más policía que en cualquier otro evento que se pudiera recordar.

Con la copa de cava en la mano y escuchando los aplausos y vítores de sus compañeros, Sanchez recordó el informe que nunca escribió. En el que estarían implicados policías corruptos, alcaldes manipuladores, una herencia sin repartir, un viaje a provincias de incógnito, con nocturnidad y en día de diario, y un accidente doméstico con resultado de muerte por resbalón desde el tejado… Tal vez.

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