El caballo de oros

El caballo de oros 
Soy un bandarra y siempre lo he sido, desde pequeño. Mi hermano y yo las montábamos pardas. Y Juanín. Juanín y mi hermano eran de la misma edad, yo era el pequeño. El padre de Juanín tenía un bar cuyo almacén era nuestro cuartel general. Allí tramábamos nuestras travesuras que eran fantásticas aventuras de piratas y guerreros medievales.
En la piscina del barrio, a dos manzanas de casa, campábamos a nuestras anchas. Corríamos, saltábamos y nos tirábamos de cabeza al agua. Asustábamos a los pequeños y al que pillábamos le hacíamos “aguadillas”. Cuando nos cansábamos, nos íbamos cerca del río a la piscina de un club privado. Nos habíamos colado tantas veces que creían que éramos socios, y hasta el portero nos saludaba efusivamente. Perseguíamos a las chicas bajo el agua y a ellas les gustaba. ¡Qué tiempos!
Fumábamos los cigarros que le robábamos a mi padre, escuchando los discos de los grupos que le gustaban a Juanín, y que nos acababan gustando a los tres. Los Rolling y Emerson, Lake and Palmer, música de vanguardia, moderna y revolucionaria.
Yo iba siempre a remolque de ellos dos y por eso fui más precoz. Yo quería hacer lo mismo que ellos y empecé a fumar y a beber muy pronto. Todo iba de maravilla hasta que mi hermano se echó novia. Juanín y él se enfadaron y se disolvió el grupo.
Pero yo seguí siendo un bandarra. Tenía experiencia y titulación: había tenido los mejores maestros. Me junté con lo mejor de cada casa: gamberros, pero con familia de perras. Niños bonitos hartos de todo y con muchas posibilidades.
Incomprensiblemente, y a pesar de las juergas diarias, conseguí acabar empresariales y entrar a trabajar en una compañía solvente. Eso me permitió ingresar fondos suficientes como para no tener que depender de lo que los colegas sacasen a sus ricos padres.
La misma pasión que entrego en la noche canalla, la aplico a mi trabajo: soy un vampiro de noche y un tiburón de día. Era cuestión de tiempo que me hicieran director.
Los de arriba me aprietan y yo aprieto a los de abajo. Es ley de vida. Mi trabajo es estresante, mucho dinero a mi cargo, mucha gente a mi cargo. Pero está bien remunerado. Dos veces al año, me cojo a Juanín por banda y nos hacemos un viaje exótico y de aventura, ya nos hemos recorrido medio mundo.
Y mientras, mi hermano, cambiando pañales y dando biberones.
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