Buried

Buried 
Nuestro hombre está sentado en la arena. La suave brisa marina refresca sus pómulos y le hace recordar su infancia. Hace más de veinte años que no pisa una playa. Entonces iba todos los veranos con sus padres y sus hermanos. Hacían castillos de arena, con sus torres y sus murallas. Castillos destinados a sucumbir bajo las fuerzas invencibles de las mareas. O bajo los pisotones de su hermano el pequeño.
Su padre le enseñó a hacer un túnel practicando dos agujeros en la arena y uniéndolos por debajo.
Nuestro hombre empieza a cavar con sus manos en la arena. Tal como hacía de chico. Se ha dado cuenta, nada más sentarse, de que se le ha llenado el bañador de arena y de que, por tanto, no le queda más remedio que meterse en el agua a limpiarlo.
Las olas llegan a pocos metros de sus pies. Desconoce si la marea está subiendo o bajando. Una pareja se baña más allá de la zona donde rompen las olas. Juguetean con el agua y se oyen sus risas entrelazadas con el ruido de las olas.
Nuestro hombre sigue extrayendo puñados de arena del pozo que él mismo inició. Distraídamente. Casi sin darse cuenta. Se fija en los paseantes que recorren la orilla en ambos sentidos. Unos deprisa. Otros despacio parándose a recoger una concha. Muchos de ellos con gorros de propaganda.
Cuando su mano se topa con algo duro, que le produce un incisivo dolor en la yema del dedo medio. Saca la mano e inspecciona la uña, en la que descubre una grieta de cierta consideración.
Vuelve a introducir la mano en el agujero, de unos diez centímetros de diámetro y unos veinte de profundidad. ¿Qué será? ¿Una piedra, una concha, una caracola? Por un momento le asalta la idea de que sea un animal subterráneo, voraz, venenoso, mortal. Y se ríe de sí mismo ante lo absurdo de su pensamiento.
Parece una piedra. De forma casi esférica y no mayor que el dedo gordo de su pie. Y algo rugosa. Empieza a quitar la arena a su alrededor con el fin de extraerla, pero no sale con facilidad.
Son demasiados fracasos en los últimos meses. Lo ha dejado con su novia y le han cambiado de departamento. Ambas cosas sin la menor explicación. Y él cree que en ambos casos podía haber hecho más. Podía haberse rebelado o al menos protestar. Pero esta piedra no va a poder con él. Esta es la piedra que ha colmado su paciencia.
Hay que ensanchar el pozo para poder maniobrar con comodidad. Se aplica en las paredes hasta obtener una abertura de más de medio metro. Aprovecha la arena extraída para formar una pequeña barrera en caso de que suba la marea.
Pero la marea está bajando, tiene seis horas por delante.
Se concentra en la piedra y continúa excavando. Unos minutos más tarde se puede ver claramente que no es una piedra, es el extremo de una barra, que sobresale un palmo verticalmente del fondo del agujero.
Nuestro hombre mira hacia arriba y se descubre rodeado de curiosos en traje de baño. Un hombre calvo de complexión atlética se adentra en el círculo diciendo: “aquí hacen falta herramientas adecuadas”, aportando una pala y comenzando a darle uso. Enseguida, otras cuatro personas, con sendas palas se afanan en desenterrar el extraño artilugio. Algo evidentemente artificial, de un material metálico o pétreo, de un color gris verdoso.
De pronto, nuestro hombre se ve dirigiendo una obra de envergadura.
Organiza la patrulla de niños que, provistos de cubos de colores, se encargan de distribuir la arena extraída. Pronto ya forma una montaña de casi dos metros de alto.
La barra resulta ser la culminación de una cúpula semiesférica de dos metros de diámetro con nervios de cuatro centímetros de espesor en las cuatro direcciones. Formando cuatro gajos. La gente está entusiasmada y trabaja sin parar a las ordenes de nuestro hombre. Más de cincuenta personas entre niños, padres y abuelos.
Las madres juntaron media docena de sombrillas e improvisaron un pequeño comedor de campaña. Con bocadillos y refrescos para todos.

Debajo de la cúpula se vislumbraba una estructura cilíndrica del mismo aspecto que el resto. Gris verdoso.
A medida que avanzaban las obras, se iba definiendo el gigantesco objeto. Tenía todo el aspecto de una rudimentaria nave espacial. Un poco más abajo emergió una estructura lateral con pinta de ala.
Continuaron excavando en esa dirección y encontraron un elemento cilíndrico igual al primero.
Alguien habló de llamar a la policía, al ejército, al concejal de playas.
Pero los que acudieron fueron los medios. La televisión hizo un especial. Y el caso fue portada en los principales rotativos. A nuestro hombre se le acabaron las vacaciones y tuvo que dejar la habitación antes de las doce del mediodía. Una doble con uso individual, pues había cortado con su novia.

La brisa del mar acaricia el rostro de nuestro hombre. Un día espléndido, ni una nube. El bañador y las manos llenas de arena. Tiene que darse un baño para quitársela. Hay una piedra en el fondo del pozo que ha excavado. ¡Qué importa!
Nuestro hombre se levanta y de una carrera se lanza hacia las olas.

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