Chao

Chao 

¿Cómo definir a Chao? ¿Una persona sin personalidad? Tal vez, pero no una persona corriente.
No recuerdo cómo se unió al grupo. Debía ser el amigo del amigo de un amigo de alguien. El caso es que empezó a salir con nosotros los fines de semana. No destacaba en nada, casi pasaba desapercibido. Ponía su parte en el fondo y bebía lo mismo que todos.
No le importaba a nadie que apenas supiéramos nada de su vida. Nuestras conversaciones no eran muy profundas los sábados. Empezábamos con el fútbol y, a medida que caían las rondas, nos íbamos desplazando al tema mujeres. Algunos días estúpidos recalábamos en política y acabábamos discutiendo.
En ninguno de esos temas se veía a Chao decantarse por ninguno de los bandos. Asentía ante las “verdades” de cada parte.
– Sí, claro, claro. – era su máxima aportación.
Parecía que no quería mojarse. O quizás era que no tenía criterio. O que no se atrevía a tomar partido. Pero a nadie le importaba. A nadie le llamaba la atención. Era casi invisible.
No sé qué fue lo que hizo que me fijase en él. En su forma de actuar. De pronto me percaté de que imitaba a la gente. Copiaba los gestos de uno. Sutilmente, sin que nadie se diera cuenta. Movía las manos como Juan. Guiñaba el ojo como Pedro. Caminaba como Luis. Pero no era siempre igual. Era algo raro.
No me atreví a comentarlo con nadie. Me tomarían por loco. Pero no podía quitármelo de la cabeza.
Seguí fijándome en Chao. En cómo se comportaba cuando nadie le miraba. Hacía muecas, ponía posturas, como ensayando. Me di cuenta de que imitaba por la calle a la gente con la que se cruzaba. Ponía las mismas caras. Hacía los mismos gestos. De forma disimulada, para que no se notase. Yo iba apuntando mentalmente todo lo que observaba.

Laura debió notarme algo, me preguntó qué me pasaba y yo le dije que nada.
Lo siguiente que le observé a Chao fue la ropa. Dejó los jersey marrones y los vaqueros. Y empezó a vestirse a la moda, como Guillermo. El mismo corte de pelo. Y las gafas de sol.

El otro día me dijo Laura que me veía raro. Que me paso el día gesticulando y haciendo muecas. Que ya no la trato como antes. Y que deberíamos darnos un tiempo.
Últimamente tampoco veo mucho a Chao. Parece que se lo ha tragado la tierra. Pero a nadie parece importarle.

Esta mañana, cuando volvía a casa me pareció ver a Laura a lo lejos. Apresuré el paso para alcanzarla. De pronto alguien vestido como yo se acercó a ella. Era Chao. Se dieron un beso y se alejaron paseando de la mano.

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