El cuento de Caperucita Jepegé

El cuento de Caperucita Jepegéflor-031
Por el bosque caminaba la pequeña Caperucita Jepegé. Cuando se encontró con el lobo Rau.
– ¿Dónde va una niña tan pequeña? De tan solo 8 bits por pixel. Por un espacio sRGB tan inhóspito. – preguntó zalamero el lobo.
– Voy a casa de mi abuelita Diapositiva. A enseñarle unas fotos muy bonitas. – contestó la pequeña.
– Pues no vayas por aquí – respondió el lobo – mejor será que atajes por el espacio adobeRGB. Y además disfrutarás de un abanico más amplio de colores. – Así lo haré – dijo inocente Caperucita. Y se despidieron. Con esta argucia el lobo llegó antes a casa de la abuelita Diapositiva. – ¡Click, clack! – llamó a la puerta.
– Pasa Caperucita, que la puerta está abierta.
Esta abuela es tonta, pensó el lobo, con los tiempos que corren.


– Pasa hija, estoy malita en la cama.. Ya no hay quien me revele. Y los carros para diapositivas no se encuentran ni por eBay.
El lobo Rau, al grito de “yo soy el autentico negativo digital”, entró como una exhalación y en un flash-flash (para evitar los ojos rojos) se comió a la abuela. Sin masticar, del ansia que llevaba.
Acto seguido se metió en la cama poniéndose el gorro kodachrome y las gafas velvia de la abuela, para disimular. Y así esperó la llegada de Caperucita. …
Un rato más tarde, después de pasar por el espacio adobeRGB y volver a sRGB, Caperucita Jepegé llegó exhausta a la casa de la abuelita Diapositiva.
– Pasa nena -dijo el lobo Rau imitando la voz de la abuela- y métete en la cama conmigo. Que no te va a pasar nadaaaaa. Caperucita entró e hizo lo que le mandaron.
– Te dejo las fotos encima de la mesa camilla.
– Ven tonta, que te hago un jueguecito.
La niña se quitó la ropa y se metió entre las sábanas.
– Abuelita, abuelita ¡Qué rango dinámico más grande tienes!
– Es para verme mejor.
– Abuelita… ¡Qué balance de blancos más raro tienes!
– Es para ajustarme mejor.
– Abuelita. Oh ¡Qué fichero más gigante tienes!
– Es… ¡Para procesarte mejoooor!
Y al grito de “yo soy el autentico negativo digital, y tú tienes compresión con pérdidas”, se abalanzó sobre la indefensa mozuela. Sacó sus garras HDR y persiguió a Caperuza por toda la casa.
Los gritos se oían a lo lejos. El lobo Rau no podía correr tanto debido a su peso. Por el camino oyó los alaridos un informático aficionado, que aceleró el paso para socorrer a los afectados. Llegó a tiempo para ver salir a Caperuza Jepegé desnuda por la puerta de la casa de la abuela Diapositiva. Perseguida por el gordo lobo Rau.
Justo a tiempo para sujetar a la estúpida niña y entre los dos se la comieron tan ricamente. Comentando anécdotas de Mellado y Benito Ruiz mientras se limpiaban los dientes con afilados palillos de madera de pino. – ¡Fodochof! – eructaron satisfechos.
Y cantando alegres canciones se alejaron paseando de la mano.

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2 comentarios en “El cuento de Caperucita Jepegé

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