Tanzania

Quedé con Mike en algún lugar de Dar llamado “La Barbacoa”. Así que salí del hotel con la intención de pillar un taxi.

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El hotel en cuestión, el “Jambo”, era una pensión de mala muerte en la que paraban todos los “mochileros”. Seguramente porque la recomendaban las guías de viajes de aventura. Bajando las sucias escaleras me crucé con dos rubias que no tendrían más allá de veinte años. ¿Alemanas? ¿Americanas? ¿Australianas, tal vez? Aquí eran sólo “musungu”: blancas.
En la calle pregunté por un taxi y un hombre me ofreció llevarme a cualquier parte de Dar por veinte dólares. Le enseñé un billete de diez y le di el nombre del garito. No dudó ni un segundo. El vehículo era un destartalado turismo japonés. Un taxi pirata. ¿O no son piratas todos los taxis en África?
En Tanzania la noche comienza a las cinco, cuando se pone el sol. Los europeos no nos acostumbramos a la oscuridad. Las calles están sin iluminar y pocos son los coches que lleven las luces encendidas. Y no digamos los ciclistas. Los autóctonos están habituados y parecen tener la misma actividad que a pleno sol: deambulan por las calles sin problema.
El taxista me dejó a la puerta indicándome que el sitio era bueno y que servían alcohol. Me preguntó cuánto tiempo iba a estar y si quería que viniera a buscarme. Le dije que no.
A la entrada del local me recogió una guapa camarera vestida de blanco que me acompañó hasta la mesa donde me esperaba Mike. Estaba repanchingado en la silla mirando a una gran pantalla donde se veía un partido de fútbol. Algunos parroquianos llevaban camisetas del Manchester United.
-Vais a perder. Fue la bienvenida de Mike.
Me fijé, y era el Barça contra el United.
-¡Bah! Yo soy del Madrid. Respondí despreocupadamente mientras pedía un par de “kilis” para mi compañero y para mí.
Observé el local: una terraza al aire libre con mesas bajo una carpa y una pequeña barra. En un lateral estaba el mostrador de barbacoa, que estaba cerrado. Una rata subió por un canalón y desapareció por el tejado del edificio contiguo.
Acabó el partido y los espectadores se marcharon con aire contrariado.
– Habéis ganado. Me informó mi colega.
– Ya te dije que soy del Madrid.
– Cierto. La verdad es que yo realmente soy del Arsenal. Mintió Mike soltando una risotada.

(Escrito en agosto de 2011)

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