Foto Chop

DSC_3867_01La vida no es bella, el mundo no es justo, el universo no es maravilloso. Yolanda está deprimida. Y cuando Yolanda se deprime lo ve todo negro. No es para menos. Yolanda está pasando una crisis, posiblemente porque le han congelado el sueldo. Probablemente porque Luis Ángel hace un mes que la abandonó. Metió su ropa y sus libros en cajas de cartón y se fue.
El apartamento era pequeño y acogedor, pero ahora parece enorme y frío. Y Yolanda se queda hasta las tantas navegando por internet para no irse a la cama. No es justo.
Los compañeros de la oficina son felices, sobre todo los viernes cuando acaba la jornada de trabajo y acometen el “finde” plagado de actividades lúdicas con la familia. Pero Yolanda se va a casa, no quiere salir, no le apetece ver a nadie.
Sentada ante el ordenador juega con la copia pirata de Photoshop que le pasó en un CD alguien de la oficina. Todavía se acuerda de los trucos que aprendió en el curso de hace casi un año. Cuando tenía tiempo y dinero y se interesó por la fotografía. Cuando la vida le sonreía.
En la carpeta “Verano” localiza las fotos de la playa, abre una y empieza a retocarla. Recuerda el uso del “pincel de clonar” y lo emplea para borrar despreocupadamente a Luis Ángel de la foto. No le ha quedado mal, repite la operación con otra foto y otra, eliminándole de todas ellas. Cuando se da cuenta ya es tardísimo y se va a la cama.
Al día siguiente Yolanda se levanta como de costumbre medio dormida. La cama le parece más pequeña de lo normal. Se va a la ducha con una rara sensación. Hay algo raro en el baño, pero no sabe el qué. Sin darle importancia ejecuta su rutina matinal. En la cocina se calienta un café oyendo las noticias. Nota como si algo faltara, pero el tiempo se le echa encima. Apura el tazón, se viste y se va a trabajar.
Un día como otro cualquiera en la aburrida rutina laboral.
De vuelta a casa se da cuenta de que faltan cosas. Por la mañana no se tropezó con las cuchillas de afeitar usadas de él ni con su tazón hortera del pato Donald.
Eso era lo que le resultó raro por la mañana. Va directamente al baño y abre el tercer cajón el de Luis Ángel. Está vacío.
En la alacena de la cocina faltan las jarras de cerveza y los tazones de Disney. Está claro: ha venido cuando ella no estaba y se ha llevado sus cosas.
Yolanda se enfurece, no porque Luis Ángel se haya llevado sus porquerías, sino porque ha entrado en casa sin avisarla. Se conoce que todavía tiene llaves.
Ella se tumba en el sofá, enciende la tele y entonces se da cuenta de que en la foto del fondo falta algo. En la foto está ella, pero han borrado a Luis Ángel. Como hizo ella en el ordenador. ¿Lo habrá cambiado él en su ausencia también?
Yolanda coge el móvil y busca el número de Luis Ángel, pero no lo encuentra en la agenda. Ha desaparecido. Se empieza a poner nerviosa. Busca por toda la casa y no encuentra rastro de Luis Ángel. Se le ocurre una idea y va al cajón de los papeles. Abre la carpeta de los contratos y saca el del alquiler del piso, recuerda que lo firmaron los dos. Pero en ese papel sólo aparece el DNI y la firma de ella. Decididamente ha desaparecido todo rastro de él.
Los días siguientes se dedicó a buscar a Luis Ángel por todas partes. No existía, había desaparecido del mapa, lo habían borrado…¡como había hecho ella con el programa del ordenador!
Pasó una semana sin encender el ordenador. Se sentaba delante del Toshiba Satellite sin tocarlo y sin atreverse a levantar la tapa azul. Tampoco se atrevía a comentarlo con sus compañeros de la oficina.
Por fin se decidió a coger el toro por los cuernos. Se armó de valor y encendió el aparato diabólico. Pinchó en el icono del programa y buscó las fotos por las carpetas del disco duro. Encontró una de la plaza donde hay una estatua ecuestre y se dispuso a borrar a caballo y caballero. En un par de horas ya tenía acabada la faena y guardó el archivo modificado sobreescribiendo el archivo original. Se tomó un vaso de leche y se fue a la cama.
Cuando se despertó al día siguiente, se sintió ridícula. Pero cuando pasó en el bus por la plaza y vió un pedestal vacío el corazón le subió de pulsaciones. Preguntó a su vecino de asiento qué habían hecho con la estatua.
-Señorita, en esta plaza nunca ha habido una estatua. Por lo menos en los cuarenta años que llevo yo en esta ciudad.- contestó el aludido.
O sea, que la cosa funciona. Yolanda estaba completamente alucinada.
Durante tres semanas se dedicó cada noche a trabajar en el ordenador. Buscó en internet las portadas de los periódicos del último año y se las descargó al disco duro. Eligió cuidadosamente las portadas y sólo retocó una palabra, la palabra “NO”. Repasó los titulares borrando estrategicamente ese negativo vocablo.
– “La patronal NO cede ante las presiones de los trabajadores”
– “Los funcionarios NO cobrarán la extra de navidad”
– “El IBEX35 NO consigue mantenerse por encima de los 10,000 puntos”
– “La Comisión Europea NO admite un plan del gobierno sin más recortes”
– “La economía española NO es capaz de seguir el ritmo de los países más potentes de Europa”
– “La previsión de crecimiento NO supera la media de la UE”
– “El Betis NO puede con la furia goleadora de Cristiano”
Tres semanas de noches agotadoras. Yolanda estaba exhausta. Comprendió entonces el esfuerzo y la preocupación de los superhéroes de los comics. Ella también tenía un superpoder. Tenía en sus manos el futuro de la humanidad. Un gran poder y una gran responsabilidad. Así que decidió poner fin a la aventura de una manera elegante.
La última noche hizo las cosas más despacio que de costumbre. Se calentó una taza de rooibos y se la llevó al cuarto del ordenador. Buscó en el disco duro aquella foto suya del verano en biquini que tanto le disgustaba y se quitó aquellos dos o tres kilos de más. Repasó “michelines”, “cartucheras” y “patas de gallo”. Un trabajo fino. Cuando terminó guardó el archivo. Se tomó el último sorbo de té y pulsó el botón de desinstalar la aplicación.
A la pregunta “Está seguro de que quiere desintalar Photoshop” contestó SÍ sin dudarlo un instante. Y se fue a la cama dejando el ordenador trabajando el la limpieza y eliminación del programa. “Esta acción puede tardar varios minutos”. Y la barra de progreso avanzó lenta pero inexorablemente.
Aquella noche durmió profundamente, plácidamente. Con la conciencia tranquila del que ha hecho bien su trabajo.
En el fondo del cajón de las mudas, donde guarda su ropa interior, se esconde un sobre con un CD. Puede que algún día necesite volver a instalar Photoshop.
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