Aqualopter. Capítulo 9: El motor gravitatorio

9.-El motor gravitatorio

La teoría de la unificación de campos cuánticos revolucionó el mundo científico. La relación entre el campo electromagnético y el campo de Higgs fue la primera pista para el desarrollo del motor gravitatorio. Al principio, aquello parecía algo utópico e inalcanzable, como la fusión fría en el siglo XX. Pero, de alguna forma, se dio la casualidad o las circunstancias para que se hiciera realidad.

El motor gravitatorio era una curiosidad científica que se enseñaba en las universidades y en los museos de ciencia y tecnología. Era demasiado caro y consumía demasiada energía para ser viable.

Por la misma época el profesor John McCloudson sentó las bases de lo que posteriormente se llamaría la pila McCloudson: un sistema universal de almacenamiento de energía. Baterías basadas en las propiedades bioelectricas de SuperLiquen modificado, capaces de retener grandes cantidades de energía en un volumen reducido.

El éxito del Aqualopter radica en su propia existencia. Algo que hace tan solo unas décadas sería impensable. Y todo provino de un inesperado golpe de suerte.

Dicen que los sabios copian y que los genios directamente roban las buenas ideas. De alguna manera el proyecto Aqualopter se nutrió de las ideas de otros. Consiguió hacer posible un embrión de motor gravitatorio aplicando la tecnología bioelectrica McCloudson. Y su aplicación a aeronaves con fuselaje de aerodinámica variable dio como resultado el primer prototipo de Aqualopter.

En principio iba a ser tan solo un avión monoplaza, pero por sus características no destacaría ni por su velocidad ni por su capacidad de carga, muy al contrario. Pero había algo en lo que podía superar a todos sus competidores: su carácter anfibio. El Aqualopter podía operar con la misma eficacia en el aire como en el agua. No necesitaba oxígeno ni expulsaba gases, flotaba en cualquier fluido, simplemente repelía gravitatoriamente la masa terrestre.

Jorge y yo trabajamos un tiempo en el desarrollo del ordenador de control de la nave. Un motor gravitatorio no es tan sencillo de manejar como un turborreactor, ningún humano es capaz de dominarlo. Nuestro programa era tal vez el más complejo jamás diseñado, y necesitaba el ordenador más rápido y más potente. Éramos un equipo de ingenieros formidable.

En el mismo edificio estaban los laboratorios donde se diseñaban y probaban los nuevos motores, más potentes y más livianos. A mí me gustaba darme un paseo hasta el área de pruebas y echar un vistazo, me servía para desconectar en los momentos de más agobio. Hasta que ocurrió el accidente.

Yo estaba allí cuando ocurrió el accidente. Había salido a “estirar las piernas”, cogí un café de la máquina y me fui a la zona de pruebas. Charlé un rato con los compañeros, que me explicaban siempre las nuevas mejoras que iban implementando. Estábamos delante de la ventana del túnel de pruebas y algo fue mal. Una explosión, un rayo y salimos despedidos.

Afortunadamente no nos pasó nada grave: golpes y magulladuras, los papeles por el suelo y el motor dañado. Yo estuve un rato mareado y, aunque no se lo dije a nadie, perdí parcialmente la memoria durante unos días. No le di mayor importancia, pero ahora creo que tiene relación con lo que ocurrió posteriormente.

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