Aqualopter. Capítulo 10: Monos

10.-Monos

Por aquella época, mi suegra trabajaba con animales. Literalmente, estaba en el Departamento de Protección de Especies Autóctonas. Recogían animales heridos, los curaban y los reinsertaban en la selva. Muchos de ellos víctimas de los cazadores furtivos, de los deshechos urbanos o de la acción de la civilización sobre el planeta. Mi suegra estaba muy involucrada con la causa. Sobre todo con la docena de monos que tenía bajo su tutela en la residencia zoológica. Marisa decía que esos monos eran su verdadera familia. Y no andaba descaminada, a tenor del poco caso que nos hacía a sus familiares humanos.

Los monos era un grupo de orangutanes, gorilas, chimpancés y bonobos, criados desde bebés en la residencia. Algunos habían quedado huérfanos en las cacerías furtivas, encontrados medio muertos en la selva. Otros habían nacido en cautividad. Y todos eran difíciles de reinsertar puesto que siempre habían vivido a expensas del ser humano: no sabrían manejarse en la jungla.

El favorito de mi suegra era un joven bonobo llamado Markus. Según ella, era muy inteligente y “sólo le faltaba hablar”. Para mi suegra eran como sus nietos, los había criado desde pequeños, y por eso el trauma fue mayor cuando se escaparon.

Parece ser que el cabecilla fue precisamente Markus. Realmente debía ser muy inteligente porque parece que lo tenía todo planeado. También hay que tener en cuenta que, dado lo pacíficos que eran esos monitos, se había descuidado bastante el tema seguridad.

Lo cierto es que Markus se debió hacer con las llaves y por la noche abrió las habitaciones (porque aquello no se podía llamar celdas) de sus compañeros. Juntos salieron del edificio por una claraboya de ventilación y accedieron a los jardines del campus.

Las pistas indicaban que, desde los jardines pasaron al edificio adjunto del complejo del Consorcio. Entraron por una ventana y se colaron por la estructura del falso techo. Un laberinto por el que sólo unos animales pequeños y ágiles podrían deambular sin ser detectados. Al final llegaron a los laboratorios y concretamente al área de pruebas de los motores. Desordenaron los armarios y las estanterías y jugaron con el material de oficina del despacho. Después de eso desaparecieron. Sin dejar más rastro.

Tras dos semanas de pesquisas policiales se abandonó el caso. No había ni pruebas ni indicios de que hubieran salido por ninguna parte. Ni por puertas, ni ventanas, ni otros accesos. Ni rastro en los edificios colindantes ni en los jardines que circundaban el complejo. El único dato es que esa misma noche se había puesto en marcha el motor situado en el banco de pruebas, y había consumido más potencia de lo habitual. Pero el motor no se había desplazado del laboratorio, los monos no habían viajado a ninguna parte montados en ese motor. Tan sólo habían desaparecido como humo, por arte de magia.

El misterio está todavía sin resolver.

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