Aqualopter. Capítulo 11: Marisa

11.-Marisa

Nos conocemos desde niños, y desde entonces nuestras vidas han seguido sendas paralelas. Más que paralelas, no han dejado de entrecruzarse, como una trenza. Marisa aparece siempre en los momentos cruciales de mi vida. En la infancia, en la adolescencia, en la universidad y luego en la vida profesional. Al final no nos quedó más remedio que plantearnos una vida juntos.

Se podría decir que Marisa está hecha para mí, a mi medida. Encajamos perfectamente, como piezas de un puzzle. Nunca discutimos y Marisa siempre tiene una sonrisa para mí.

Está claro que estamos hechos el uno para el otro. Todo nuestro entorno es homogéneo, compatible. Nuestras familias son similares. Yo, hijo de un ingeniero y una profesora de universidad; ella, hija de un ingeniero y una profesora de universidad. Y, curiosamente, yo soy ingeniero y ella profesora de universidad. Si esta fórmula funcionó con nuestros padres, no tiene porqué fallarnos a nosotros.

Marisa es una mujer metódica y ordenada. Tal vez demasiado ordenada a veces. Para mí siempre fue como parte de la familia, como una hermana o una prima. Por eso nunca pensé que pudiéramos acabar juntos. Coincidimos esporádicamente en las fiestas de la universidad. Nos veíamos, nos sonreíamos, nos saludábamos y cada uno se iba por su camino. A penas teníamos amigos comunes y nuestras aficiones eran totalmente diferentes.

Pero al acabar la carrera todo cambió. Jorge se fue a Estados Unidos a hacer un master y yo empecé a trabajar en una empresa alemana. Estuve dos años trabajando entre Alemania, Italia y Francia. Las cosas me iban bien, y entonces Marisa se volvió a cruzar en mi camino. Coincidimos en París, yo estaba en un viaje de negocios y ella en un congreso. Quedamos para cenar y recordar viejos tiempos. Nos pusimos al día, fue una velada agradable. Ella estaba guapísima.

A partir de aquella cena en una hamburguesería de París, nuestra relación se hizo más frecuente. Hablábamos todas las semanas, planeamos viajes juntos, conectábamos. Y entonces me reclutaron para “el gran proyecto”.

Curioso, la sede central del Consorcio estaba ubicada en la misma ciudad en cuya universidad trabajaba Marisa. Con lo grande que es el mundo… o con lo pequeño que es, teniendo en cuenta los medios de trasporte actuales. Lo cierto es que los acontecimientos se precipitaron. Nos fuimos a vivir juntos y nos casamos… o viceversa, no lo tengo muy claro.

Parece que el destino y Marisa me estaban esperando. Parece que todo estuviera preparado. Todo encaja tan bien. Todo es tan fácil que parece mentira. Sí, realmente se podría decir que Marisa está hecha para mí.

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