La guía del Museo de las Ardillas

Nunca les perdonaré a mis padres que me llevaran a Disneyland. Mis padres eran muy egoístas y no lo hacían por mi, lo hacían por ellos, porque desde niños habían soñado con ir allí. Eran de esa generación que creció con Mickey y Donald. Los veían el sábado por la tarde en la tele en blanco y negro. Coleccionaban los libros de Don Miki y tenían muñecos de goma de sus personajes. En cambio para mí eran completamente desconocidos. La verdad es que ellos se lo pasaron muy bien montando en todas las atracciones. Sigue leyendo

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Fatal coincidencia

La noche se cierne sobre Paris, calles desiertas de un martes o un miércoles. En la penumbra apenas iluminada por la débil luna de agosto una figura avanza dando tumbos. El hombre prefiere golpear regularmente su hombro derecho contra la pared que arriesgarse a caer sobre el barro de la calzada. La estrecha acera de poco más de un metro de ancha permite a los ciudadanos y a las damas de Paris caminar cómodamente por algunas vías principales. Evitando así pisar el barro, los desperdicios y los excrementos que remueven las ruedas de los carruajes al pasar. El hedor asciende denso después de dos días sin llover.  Sigue leyendo

20 recetas fáciles para antropófagos solteros

20 recetas fáciles para antropófagos solteros. 

Mi editora me ha dicho que me tome mi tiempo, que no hay prisa por ahora. Pero yo ya sé que lo hace para tranquilizarme. Sabe que si me pongo nervioso, me estreso y me bloqueo. No sé trabajar bajo presión. Es mejor dejarme a mi aire.

Ella quiere aprovechar el tirón de la carne humana, la ultima delicatessen de los gourmets de vanguardia.  Sigue leyendo

Teorías cuánticas caseras

Teorías cuánticas caseras. 

Martín es un buen chaval, tal vez un poco pesado, pero es buen chaval. Con quien mejor se lleva es conmigo, porque le escucho todas sus teorías y razonamientos. Los demás no aguantan sus “tabarras” y enseguida le mandan a freír espárragos. Eso sí, siempre con cariño. Sigue leyendo

Mis viajes por el mapamundi

Mis viajes por el mapamundi. 

A los 24 años me ocurrió una cosa terrible: oí por la radio el caso de un muchacho de mi edad que ostentaba el récord de países visitados. Llevaba, a esa temprana edad, más de cien y esperaba completar todos los del mundo con toda seguridad antes de cumplir los treinta. Al día siguiente fui a una papelería y me compré un mapa político del mundo y una caja de chinchetas de colores. Separé cuatro chinchetas negras y las utilicé para clavar el mapa en la pared de mi cuarto. Luego pinché una chincheta verde en España. Reservé las rojas para mis primeros viajes al extranjero.

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El extraño caso del ajedrecista vegetariano

El extraño caso del ajedrecista vegetariano.

P. C. McIntosh pudo haber sido el mayor genio de la humanidad. Su precocidad se inició, curiosamente, a edad muy temprana. A los cuatro años ya ganaba al ajedrez a todos los miembros de su familia. (Tal vez su madre se dejara ganar, ya se sabe: las madres…). Incluso derrotaba asiduamente al vecino jubilado del 2º A.

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El rey león

El rey león. 

Javierito estaba empezando a quedarse dormido. Repanchingado en el sofá, con el televisor encendido y los calcetines nuevos puestos, los de los domingos. Sus propios ronquidos le arrullaban, y la voz cansina del locutor recitando la rutina del león africano. Había puesto la casa patas arriba buscando el libro de familia. Qué rancio era todo aquello, “libro de familia” le sonaba a “certificado penales”, “partida de nacimiento” y “póliza de veinticinco”. El calor era tan sofocante que hasta el león del documental buscaba la sombra para tumbarse a echar la siesta. Mentalmente repasó todos los recovecos de la casa donde podría estar el libro de familia. Y le vino a la cabeza la historia del tío Fidel. Sigue leyendo