Ella estaba en uno de esos días

Ella estaba en uno de esos días

Él sabía que ella estaba en uno de esos días. Por eso entró en el local despacio, no tenía prisa. Los pocos clientes que había se agrupaban delante del televisor, una pantalla de muchas pulgadas y marca coreana. A él no le interesaba el partido. Caminó tranquilo hasta la barra. No pudo evitar mirarla de reojo. Ella estaba al fondo, sola, radiante como siempre.  Sigue leyendo

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Aquel punto azul

Aquel punto azul

Hijo mío, ¿Ves aquel punto azul en el firmamento? Esa estrella brillante que solemos ver al amanecer, antes de que salga el sol. O en el ocaso, después de ponerse el sol. Bien, pues dicen que es de allí de donde procede el ser humano.

Dicen que ese punto azul es un planeta como el nuestro. Dicen que se llama «Paraíso» y que fuimos expulsados de allí hace mucho tiempo. Cuentan las ancianas que en ese planeta el agua cubría más de la mitad de la superficie, que los bosques eran frondosos y que había incluso animales salvajes. Sigue leyendo

Segundón

Segundón

Siempre he sido un segundón, desde que nací. Mi hermana mayor era más guapa, más lista y más simpática que yo. Me llevaba dos años de ventaja y yo, a su lado, no era más que un patoso. Y además ella sacaba las mejores notas en el colegio.

En el colegio yo sacaba buenas notas, pero no tan buenas como las de mi amigo Jaime. Jaime era mi mejor amigo y también el más listo de la clase. Cuando la maestra preguntaba en clase y nadie sabía la respuesta, siempre decía «A que Jaime lo sabía». Y Jaime asentía sonriendo.  Sigue leyendo

Cars and Girls

Cars and girls

Los martes por la mañana me gusta empezar el día poniendo música moderna y dejar a Rajmáninov para los miércoles. Ese martes en concreto pasé mis ojos por los lomos de mi colección de vinilos y se detuvo en el azul pálido de «Prefab Sprout». La voz armoniosa de Paddy McAloon siempre me estimula y más con su tema «Cars and Girls». Cuando terminé mi aseo cotidiano, alegre como un ballenato, recibí un mensaje urgente de mi apreciada Maripi citándome para una reunión en la cumbre. O sea en la cafetería de la azotea de ese conocido hotel de muchísimas estrellas. 

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Oklahoma

Oklahoma

Nunca me dijo su nombre real, se hacía llamar Oklahoma. Pensé para mí que era porque Alaska y Wyoming ya estaban cogidos. Tampoco supe dónde vivía ni me presentó a su familia. Nos veíamos siempre en la puerta de la biblioteca. Y caminábamos juntos un buen trecho hasta que nuestros caminos se separaban. Al principio no hablaba mucho. Era una chica pequeña, menuda. Con el pelo muy negro, igual de negro que sus labios, el maquillaje de sus ojos o el esmalte de sus uñas. Hablaba poco y nunca sonreía.

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El vecino ideal

El vecino ideal.

No tengo recuerdo del primer día que le vi. Debió ser en la escalera, cruzándonos en algún rellano: «pase usted, buenos días». Yo soy siempre muy despistado para esas cosas. Lo que sí recuerdo es el impacto que causó en Marga. «¿Has visto al nuevo vecino? Tiene buena pinta… Debe tener un buen puesto, siempre tan elegante… Es muy educado… Y además no hace nada de ruido ¿Te acuerdas de los anteriores? ¿Los que ponían la tele alta hasta las tantas?».

Quizá por eso empecé a mosquearme. Tan simpático, tan guapo, tan elegante… ¡aquí hay gato encerrado! Sigue leyendo

La guía del Museo de las Ardillas

Nunca les perdonaré a mis padres que me llevaran a Disneyland. Mis padres eran muy egoístas y no lo hacían por mi, lo hacían por ellos, porque desde niños habían soñado con ir allí. Eran de esa generación que creció con Mickey y Donald. Los veían el sábado por la tarde en la tele en blanco y negro. Coleccionaban los libros de Don Miki y tenían muñecos de goma de sus personajes. En cambio para mí eran completamente desconocidos. La verdad es que ellos se lo pasaron muy bien montando en todas las atracciones. Sigue leyendo