Poemario

Poemario.

He oído
El maullido
Del gato de tu coche
Entre líneas de la noche

Amanece
Y el felino permanece
Panza arriba todavía
En los bajos del turismo

Ya es de día
La vida es una caricia
El siete es un eufemismo
Debajo de un cuatro latas

Me he metido en un buen lío
No resisto a la avaricia
De sacarle las tres patas

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El caníbal

El Caníbal (relato)

El caníbal se dispuso a trabajar sobre el muslo aún caliente.
Levantó la piel lentamente, procurando no rasgarla.
Separo los músculos uno a uno.
Seccionó los tendones.
Accedió limpiamente al fémur.
De repente, una voz terrorífica le heló la sangre.
– ¡Pero Manolito! ¿Todavía no te has acabado el pollo?

El hombre invisible

El hombre invisible


¡Qué bonita es la adolescencia! Esa época de la vida en la que descubres el mundo y las amistades son para toda la vida. Aunque luego duren sólo unos meses. La mía, como la de casi todos, fue una adolescencia agridulce. Avergonzado por mi baja extracción social, procuraba unirme a grupos de chicos de nivel medio-alto. Económico y/o cultural. Eso me hacía sentir importante. Mis compañeros de pandilla eran unos auténticos intelectuales, voraces devoradores de cine de autor, música culta y literatura hispanoamericana. Y yo sacaba de la biblioteca novelas de Borges y Cortázar. Sigue leyendo

El peluquero ciego

El peluquero ciego

Los niños de diez años son inocentes. Y Pepito lo era mucho más, sobre todo en aquellos años en los que la humanidad era mucho más inocente que ahora. Pepito era inocente y bueno: responsable, obediente y listo.

A Pepito le gustaba ir a la peluquería de su abuelo. Una de esas peluquerías de caballeros antiguas, con solera. De las que hoy ya no queda ni el recuerdo.

Pepito se sentaba en la sala de espera mientras su abuelo acababa de atender a los clientes. Y se leía los tebeos que había sobre la mesa: de Roberto Alcázar y del Capitán Trueno. Le gustaban más los del Capitán Trueno, y los leía concentrado a pesar de que casi siempre eran los mismos. Se los sabía de memoria, pero los volvía a leer emocionado, como si fuera la primera vez. Sigue leyendo

Cómo adelgacé 80 kilos

Cómo adelgacé 80 kilos

La perla negra

Me da la risa cuando la gente me pregunta si el libro es autobiográfico. Me miran de arriba abajo y tratan de hacer encajar esos 80 kilos en mi cuerpecito de talla 38. Con una sonrisa cínica les explico que no todas las novelas tienen por qué ser autobiográficas.

Y esa es otra, la gente se cree que se trata de un libro de “autoayuda” o de dietas milagrosas. Algunos se llevan una gran desilusión, sobre todo los obesos.

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Lady Dyc

Lady Dyc

Rigoberto y yo habíamos pillado un apartamentillo en la zona de los pubs. Estaba bastante destartalado y viejo, un tercero sin ascensor. Pero la vieja nos hizo precio y a nosotros nos venía fetén. Bajábamos después de cenar a tomar unas copas y no nos preocupábamos de pillar bus o algo para volver.

La llamábamos Lady Dyc porque era rubia y se sentaba al final de la barra. Era un poco macarra, para mi gusto. Rollo leopardo y medias de rejilla. Pero a Rigoberto le ponía. Por eso bajábamos todos los días a ese antro oscuro, “El Caballo Loco”. Por eso y porque ponían medios cubatas, muy bien de precio.

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Aqualopter. Capítulo 13: Catchers

13.-Catchers

Desde hacía décadas el transporte de mercancías estaba automatizado. Los “barcos fantasma” cruzaban, sin tripulación, el Pacífico y el Atlántico cargados de contenedores repletos de materias primas y bienes de equipo. Desde China hasta América, desde América hasta Europa, de Europa a Asia, los barcos cruzaban galernas y tempestades guiados mediante satélite. Los aviones despegaban y aterrizaban por ordenador, para evitar fallos humanos y ahorrarse un puesto de trabajo. Los ferrocarriles atravesaban las llanuras y sistemas montañosos continentales sin necesidad de maquinista. Todo más rápido, más efectivo y más barato.

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