La guía del Museo de las Ardillas

Nunca les perdonaré a mis padres que me llevaran a Disneyland. Mis padres eran muy egoístas y no lo hacían por mi, lo hacían por ellos, porque desde niños habían soñado con ir allí. Eran de esa generación que creció con Mickey y Donald. Los veían el sábado por la tarde en la tele en blanco y negro. Coleccionaban los libros de Don Miki y tenían muñecos de goma de sus personajes. En cambio para mí eran completamente desconocidos. La verdad es que ellos se lo pasaron muy bien montando en todas las atracciones. Sigue leyendo

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