El hombre invisible

El hombre invisible


¡Qué bonita es la adolescencia! Esa época de la vida en la que descubres el mundo y las amistades son para toda la vida. Aunque luego duren sólo unos meses. La mía, como la de casi todos, fue una adolescencia agridulce. Avergonzado por mi baja extracción social, procuraba unirme a grupos de chicos de nivel medio-alto. Económico y/o cultural. Eso me hacía sentir importante. Mis compañeros de pandilla eran unos auténticos intelectuales, voraces devoradores de cine de autor, música culta y literatura hispanoamericana. Y yo sacaba de la biblioteca novelas de Borges y Cortázar. Sigue leyendo

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