Concursos

Vintage
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Esta foto y estos dos microrrelatos son mi aportación a los concursos del quinto aniversario de Sonymage. Como era de esperar, no gané. Pero ya se sabe que lo importante es participar, y mantener el espíritu deportivo.  Sigue leyendo

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Memorias de una esponja

DSC_0072¡Cuántos hombres quisieran estar en mi lugar! Tocar cada día, como yo, la piel de mi dueña. Acariciar su cuello, frotar su cuerpo. Su vientre plano, su busto firme, sus redondas nalgas y sus zonas erógenas.

Esos vecinos que vuelven la cabeza para mirarla de reojo cuando se la cruzan en el rellano. Todos ellos me envidian.

Cada día por la mañana ella me empapa de agua y gel y me pasa por cada centímetro de su anatomía. Diez minutos de relajación y erotismo que finalizan cuando me estruja y suelto mi último chorrito de espuma.

Una vida de placer.

No siempre.

Mi misión es diluir el sudor y la grasa del quehacer diario. Pero también, a veces, la sangre, el barro, el semen y las lágrimas.

Cuántas veces habré visto llorar a mi dueña y restregarme con fuerza y con rabia. Tal vez intentando arrancar de su suave piel aquel aroma odiado. Es entonces cuando me siento inútil y desearía poder borrar con jabón los hematomas, los arañazos, las heridas, los golpes y los desengaños.

Sprayman

DSC_1393Sprayman. 

Ya de niño quería ser superhéroe. Mientras otros jugaban a la pelota en el patio del colegio, yo me imaginaba salvando a la humanidad y venciendo a los malos. Lo más difícil fue elegir el nombre, ya estaban casi todos cogidos. Me puse “Sprayman”, nombre sonoro y original. El traje me lo hice a mano, partiendo de un disfraz que me compró mi madre para carnaval. Con la máquina de coser y algunos retales de mi abuela, que había sido costurera.

Ahora llevo una vida normal de funcionario. Es una tapadera, pero también me sirve para ganar un dinerillo, porque lo de superhéroe no da para mucho.

Los fines de semana me pongo el traje y salgo de noche a patrullar por la ciudad.

Lo malo es cuando me encuentro una despedida de soltero. De esas que llevan al novio disfrazado de algo absurdo. Me confunden con uno de ellos y me llevan de juerga. Yo no digo nada para disimular. Así que al final acabo a las tantas, medio borracho y sin haber salvado a nadie. Y es que es muy dura la vida de superhéroe.