Doce meses, doce plumas. Septiembre: Faber-Castell

Soy de esa generación que creció con un cayo en el dedo de tanto tomar apuntes en clase. De «la letra con sangre entra». No sé si por ese motivo o por otro, me hice adicto a los productos de papelería. Y más concretamente a las plumas estilográficas.

Desde la entrada del siglo XXI, con las tabletas, los teclados de ordenador y los asistentes en el móvil, cada vez escribimos menos a mano. Ahora no lo apuntas, le sacas una foto y lo mandas por WhatsApp. Sigue leyendo