Formulación

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Gloria y Fernando eran ambos profesores de matemáticas. Ella en un instituto local, daba el turno de bachiller nocturno. Él cogía todos los días el cercanías para ir a la universidad politécnica donde tenía la cátedra. Horarios incompatibles que a penas les dejaba verse. Cuando ella llegaba de clase, él ya estaba acostado. Madrugaba mucho y salía deprisa para su trabajo antes de que ella se despertara.
En la nevera tenían una pizarra blanca en la que se suponía que apuntaban ideas para la compra o se dejaban mensajes. Sólo había una pequeña fórmula:
 
  f(t) = g(t).
 
Una pequeña broma, una declaración de amor. La función “f” (de Fernando) era igual a la función “g” (de Gloria). Un guiño al compañero de piso al abrir el frigorífico cada mañana.

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