El peluquero ciego

El peluquero ciego

Los niños de diez años son inocentes. Y Pepito lo era mucho más, sobre todo en aquellos años en los que la humanidad era mucho más inocente que ahora. Pepito era inocente y bueno: responsable, obediente y listo.

A Pepito le gustaba ir a la peluquería de su abuelo. Una de esas peluquerías de caballeros antiguas, con solera. De las que hoy ya no queda ni el recuerdo.

Pepito se sentaba en la sala de espera mientras su abuelo acababa de atender a los clientes. Y se leía los tebeos que había sobre la mesa: de Roberto Alcázar y del Capitán Trueno. Le gustaban más los del Capitán Trueno, y los leía concentrado a pesar de que casi siempre eran los mismos. Se los sabía de memoria, pero los volvía a leer emocionado, como si fuera la primera vez. Sigue leyendo

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